
Si eres parte del millón de personas en Estados Unidos que tienen la enfermedad de Crohn, sabes que seguir el tratamiento adecuado puede marcar la diferencia entre tener síntomas debilitantes y vivir una vida plena.
Pero ¿qué sucede cuando el tratamiento que antes funcionaba ya no parece surtir el mismo efecto? Es un problema común que pueden enfrentar las personas con la enfermedad de Crohn.
Enfermedad que evoluciona
La enfermedad de Crohn es una afección crónica para la que no existe cura. Es común que las personas que la padecen y que siguen un tratamiento médico para ella logren controlar sus síntomas durante largos periodos de tiempo o que incluso disfruten meses o años sin síntomas. A esto se le conoce como remisión y es el objetivo de los tratamientos.
Sin embargo, tu enfermedad de Crohn puede cambiar con el tiempo, incluso si sigues las instrucciones de tu médico al pie de la letra. Esto significa que un tratamiento que mantenía tus síntomas bajo control podría, de repente, no hacerlo.
Es posible que luego de vivir sin síntomas durante semanas, meses o años, un día vuelvas a sentir la incomodidad y el dolor que fueron las primeras señales de la enfermedad de Crohn en tu cuerpo, o que experimentes síntomas nuevos.
Estos síntomas podrían incluir:
- Diarrea
- Calambres y dolor abdominal
- Fiebre
- Fatiga o cansancio extremo
- Sangre en las heces
- Pérdida de peso
- Náuseas o pérdida de apetito
- Llagas en la boca
- Dolor o molestias en las articulaciones
- Dolor o supuración cerca o alrededor del ano debido a la inflamación de un conducto que se produce en la piel, llamado fístula.
Cuando esto ocurre, es importante hablar con tu médico.
“La reaparición de síntomas o la aparición de síntomas no antes vistos puede indicar que la enfermedad está activa o que el tratamiento ya no está funcionando”, dice el Dr. Artemio Santiago Molina, gastroenterólogo en San Juan, Puerto Rico.
“Detectarlo a tiempo permite ajustar el tratamiento, prevenir complicaciones como fístulas, obstrucciones o pérdida de peso, y mantener la calidad de vida del paciente”.
Es posible que necesites cambiar o hacer modificaciones en tu tratamiento. Consulta con tu médico si notas alguno de estos cambios:
- Tus síntomas están empeorando.
- Tienes brotes más frecuentes.
- Tu tratamiento no controla la inflamación.
- Tu tratamiento actual no produce el mismo efecto que antes.
- Se te hace difícil tolerar los efectos secundarios.
- No estás alcanzando las metas establecidas de tu tratamiento.
- Tus análisis de sangre o pruebas de laboratorio muestran cambios.
- Tus síntomas o los efectos secundarios están afectando tu bienestar general o tu salud mental.
Tus síntomas parecen estar empeorando
No todas las personas con la enfermedad de Crohn presentarán los mismos síntomas. Algunas personas sienten dolor abdominal y tienen diarrea. Otras pierden el apetito o tienen náuseas. Incluso otras pueden presentar síntomas que no parecen ser gastrointestinales, como fatiga, complicaciones de la vista y dolor en las articulaciones.
Cada caso es único. Por esto es tan importante conocer tus síntomas.
Los médicos recomiendan llevar un registro de cómo te sientes cuando estás en remisión. De esta forma, podrás reconocer mejor y más rápidamente los síntomas si reaparecen. Eliminar la duda de si tus síntomas están volviendo o no, te permitirá comunicarte con tu equipo médico sin demoras, para que ellos puedan determinar si tu tratamiento debe ser ajustado.
Tienes brotes más frecuentes
Un brote es la reaparición de los síntomas de la enfermedad, y podría ser una señal de que tu tratamiento debe ser modificado.
Avísale a tu médico si estás experimentando brotes más a menudo. Tu médico querrá saber qué puede estar provocando esos brotes.
Para encontrar la causa, podría pedirte varias pruebas. Estas le ayudarán a determinar si los brotes son el resultado de la inflamación en el tracto digestivo que causa la enfermedad de Crohn o si otro factor está contribuyendo a la reactivación de tus síntomas.
Algunas de las pruebas que podrían ayudar a tu médico a encontrar la causa son:
- Análisis de sangre
- Análisis de heces fecales
- Colonoscopia
- Endoscopia superior
- Tomografía computarizada (conocida en inglés como CT scan)
- Resonancia magnética (conocida en inglés como MRI)
- Radiografía
Una infección o el tejido cicatricial podrían ser desencadenantes de un brote. Algunos medicamentos nuevos, incluidos los antibióticos, también podrían provocar los síntomas.
Tu tratamiento actual no tiene el mismo efecto que antes
Si tu médico encuentra que la reaparición de tus síntomas, o la presencia de síntomas nuevos, no son causados por infecciones u otros factores, podría concluir que los medicamentos o las dosis que estás tomando ya no son la mejor opción en tu caso.
En ocasiones solo ajustar las dosis de la medicina puede resolver el problema, y ayudarte a controlar tus síntomas nuevamente. Pero esta no es la solución en todos los casos: también puede suceder que tu cuerpo se vuelva resistente a las medicinas, porque desarrolló anticuerpos a ellas.
“Los pacientes pueden desarrollar anticuerpos contra los medicamentos biológicos porque su sistema inmunológico los reconoce como extraños”, dice el Dr. Santiago Molina. “Esto es relativamente común, sobre todo con los anti-TNF. El riesgo aumenta si las dosis se interrumpen, se reinician o no se combinan con otros inmunomoduladores”.
Los anti-TNF son un tipo de medicamentos biológicos que reducen la inflamación al bloquear una proteína del sistema inmunitario.
Los inmunomoduladores son medicamentos que ayudan a regular la respuesta del sistema inmunitario. A veces se usan junto con los biológicos para que el tratamiento funcione mejor y para reducir el riesgo de que el cuerpo produzca anticuerpos contra el medicamento.
Estudios han comprobado que cada año, algunos pacientes que toman inmunomoduladores o medicamentos biológicos para controlar su enfermedad de Crohn dejan de responder a dichos medicamentos. Si este es tu caso, tu médico podría eliminar los medicamentos que estás tomando, y recetarte medicamentos diferentes o añadir algún medicamento a tu tratamiento.
Se te hace difícil tolerar los efectos secundarios
Es común que las personas que toman medicamentos para su enfermedad de Crohn presenten algunos efectos secundarios. Estos pueden incluir dolores de cabeza, náuseas, cansancio extremo, entre otros.
Pero, si los efectos secundarios son tan significativos que afectan tu día a día o tu bienestar emocional, el medicamento que estás tomando podría no ser el mejor para ti y es hora de hablarlo con tu médico.
Existen muchos tratamientos para las personas que tienen la enfermedad de Crohn. No todos los medicamentos causan los mismos efectos y no todos los pacientes reaccionan de la misma manera a un mismo medicamento. La clave es encontrar la mejor medicina para ti.
El médico te ayudará a encontrar un fármaco que te ayude a controlar los síntomas de la enfermedad de Crohn sin que sus efectos secundarios sean iguales o peores que los síntomas de la afección. Recuerda, el objetivo del tratamiento es lograr la remisión de la enfermedad y que puedas disfrutar de bienestar.
No estás alcanzando las metas establecidas de tu tratamiento
Como con cualquier tratamiento médico, es importante fijar metas al comienzo y que tú y tu equipo de atención trabajen para lograrlas. Una meta común para los pacientes con la enfermedad de Crohn es controlar los síntomas y lograr la remisión. Para los médicos, las metas van más allá y podrían centrarse en el control de la inflamación, en evitar que la enfermedad progrese a etapas más avanzadas y en prevenir complicaciones graves.
Es importante que tengas una conversación honesta con tu médico y que fijen juntos los objetivos en tu caso particular. Tus medicamentos son una herramienta importante en el camino hacia lograr esas metas.
Tus análisis de sangre o pruebas de laboratorio muestran cambios
Los análisis de sangre y de heces son una herramienta importante y pueden ayudarte y a tu equipo de atención a determinar si tu enfermedad de Crohn está realmente bajo control. Estos estudios pueden medir los niveles de diversos biomarcadores de tu cuerpo, lo que puede ayudar al médico a determinar si tu enfermedad de Crohn está activa o en remisión.
Los biomarcadores que más comúnmente se miden en pacientes que tienen la enfermedad de Crohn son la proteína C reactiva (PCR) en sangre y la calprotectina fecal (FCF) en heces. Los resultados de las pruebas pueden mostrar si el paciente aún tiene inflamación en su tracto gastrointestinal, incluso cuando no presenta síntomas.
Es por esto que la American Gastroenterological Association recomienda el uso de estas pruebas de laboratorio junto con otros estudios de imagen y la colonoscopia, no solo para diagnosticar la afección, sino también para monitorearla.
Tus síntomas o los efectos secundarios están afectando tu salud mental
Existe una estrecha relación entre el intestino y el cerebro. Por esto es esencial cuidar tu salud mental como parte de tu tratamiento para la enfermedad de Crohn.
“El estrés, la ansiedad o la depresión pueden alterar la función intestinal, aumentar la inflamación y empeorar los síntomas”, dice el Dr. Santiago Molina. “Por eso, manejar el estrés, recibir apoyo psicológico y mantener hábitos de salud mental adecuados pueden ayudar a reducir brotes, mejorar la digestión y la calidad de vida de los pacientes”.
Si te sientes mal o deprimido debido a tus síntomas o a los efectos secundarios de tus medicamentos, habla con tu equipo de atención.
Una comunicación abierta es esencial
Ante todas estas situaciones, el primer paso es hablar con tu médico.
Nunca debes dejar de tomar tus medicamentos sin antes hablar con tu equipo de salud. Hacerlo o no seguir las instrucciones del tratamiento, podrían tener consecuencias peligrosas para personas que tienen la enfermedad de Crohn.
Si la enfermedad no se controla y la inflamación continúa afectando el sistema digestivo, podría provocar:
- Pérdida del apetito
- Pérdida de peso
- Cansancio extremo o fatiga
- Retraso del crecimiento y desarrollo en los niños
Si continúa evolucionando, en los casos más graves puede provocar las siguientes complicaciones:
Fisura: desgarro en el recubrimiento del ano, que puede causar dolor y sangrado, especialmente durante las evacuaciones.
Fístula: canal anormal, causada por inflamación, que se forma entre dos partes del intestino, o entre el intestino y la vejiga, la vagina o la piel. Son más comunes en el área anal y requieren atención médica inmediata.
Estenosis: estrechamiento del intestino como resultado de la inflamación crónica.
Enfócate en tus metas
Aunque no existe una cura para la enfermedad de Crohn, vivir bien con la afección es posible. Recuerda que lo más importante es cuidar tu salud física y mental, mantener una comunicación honesta con tu médico y no fallar en tu protocolo de tratamiento. Seguir estos pasos te acercará más a las metas de reducir la inflamación, lograr la remisión y prevenir las posibles complicaciones graves de la enfermedad.
Ver Fuentes
Crédito de la foto: iStock/Getty Images
FUENTES:
Dr. Artemio Santiago Molina, gastroenterólogo, San Juan, Puerto Rico.
American Gastroenterological Association: “First comprehensive guideline on using biomarkers for monitoring Crohn’s disease [Primera guía integral sobre el uso de biomarcadores para el seguimiento de la enfermedad de Crohn]”; “The role of biomarkers for the management of Crohn’s disease [El papel de los biomarcadores en el manejo de la enfermedad de Crohn]”.
Crohn’s and Colitis Foundation: “Managing Flares and IBD Symptoms [Manejo de los brotes y los síntomas de la enfermedad inflamatoria intestinal]”; “Signos y síntomas de la enfermedad de Crohn”.
Harvard Health Publishing Harvard Medical School: “Living with Crohn's disease: Recognizing and managing flares [Vivir con la enfermedad de Crohn: reconocer y controlar los brotes]”.
Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK, por sus siglas en inglés): “Definition & Facts for Crohn’s Disease [Definición y datos sobre la enfermedad de Crohn]”.
Mayo Clinic: “Crohn’s Disease [Enfermedad de Crohn]”; “Enfermedad de Crohn”.